
Hace poco vi por fin la película Pedicab Driver (Qun long xi feng) con el gran Sammo Hung.
Esta considerada “una de las buenas” del cine de artes marciales chino y aunque ya había visto algunas de sus coreografías por internet (vendito youtube) tenía ganas de poder verla en su totalidad.
He de decir que es una notoria película dentro de los estándares del cine de “piñacos” chino, lo que la convierte en poco más que una película mediocre si hablamos de cine en general. Porque reconozcámoslo, las “pelis de chinos” son MALAS. Guiones sin pizca de originalidad, con personajes planos, diálogos irrisorios, situaciones imposibles, ritmo nefasto, actuaciones mediocres... pero ¡Dios, qué coreografías! No hay nada igual en ninguna cinematografía mundial, y eso, señores, ESO, es lo que las hace grandes. Grandes películas de artes marciales, eso es.
He disfrutado y sufrido a partes iguales una buena cantidad de títulos de kungfu hasta hoy, y a buen seguro que seguiré haciéndolo, porque aunque sus argumentos sean por lo general tan malos que duelan, tienen ese encanto perturbador que tan solo las películas de serie b consiguen.
Cuántas veces me he encontrado riendo a carcajada limpia ante escenas totalmente inconcebibles, el tipo de escena tan común en la serie b, en ese cine de terror gore y por supuesto, en este cine de kungfu chino.
Y KUNGFU en mayúsculas, porque como aficionado y practicante de este milenario y rico arte, no puedo más que disfrutar como un niño ante la coreografía y espectáculo que suponen dichos films.
En contadas ocasiones incluso el argumento y mensaje del film respira cierta belleza y filosofía, pero generalmente encontramos situaciones y actuaciones infantiles dentro de la misma estructura narrativa. Los personajes e historias son normalmente calcos unas de otras y al igual que el spaghetti western italiano (del que se copian descaradamente) su look característico y estructura no varía mucho entre películas.
Pero lo que más me fascina es esa facilidad que tienen los chinos para pasar de una acción inocente, casi pueril, a escenas con un dramatismo exacerbado y completamente salvaje. Parece en muchas ocasiones como si estuviésemos viendo películas distintas. Y todo llevado al límite, hasta un punto donde tan solo puedes mirar de forma pasmosa a la pantalla de tu televisor y sonreír o suicidarte del bochorno. Historias de amor infantiles se mezclan con violaciones repentinas, del asesinato más brutal pasamos al chiste con que termina el 90% de las películas, y asistimos en la mayoría de casos a motivaciones de los personajes dignas del peor comic de superhéroes.
Pero qué peleas, Dios mío. Qué habilidad, qué kungfu. Es espectáculo, un regalo para los sentidos del aficionado a las artes marciales, y, ocasionalmente, podemos obtener algo más, podemos encontrarnos con una película interesante.
Hablaré en otros posts de películas (buenas y malas) que he ido viendo estos años y posiblemente de las nuevas que consiga localizar, pero no quiero terminar sin hacer unos breves apuntes sobre Pedicab Driver.
En realidad en la película hay cuatro peleas. Una muy tonta al principio del film en plan todos contra todos que resulta bastante graciosa por las referencias claras a films como Star Wars (con esa lucha de fluorescentes al estilo sables de luz). También hay una pelea no excesivamente interesante a mitad de la película donde unos 20 mafiosos armados tienen serias dificultades para intentar matar a uno de los protagonistas (típico de los films de kungfu chinos).
Luego nos encontramos con las dos joyas de la película: la pelea en la casa de juegos entre Sammo Hung y el mítico Lau Kar-leung (lo mejor del film), donde primero combatirán a mano vacía y luego se inicia una estupenda coreografía de palos; y por último la batalla final en casa del malo maloso, donde habrá mamporros para todos, y sobretodo para el “chino malo”.
La historia en si es bastante simplona y algo desconcertante. La idea es buena, la resolución, como siempre, bastante caótica. Nos encontramos ante la típica comedia que se convierte en melodrama y vuelve, incomprensiblemente, a la comedia (con el patentado chiste final incluido).
Se deja ver y el argumento no es insultante, aunque algunas situaciones sean especialmente penosas. Los actores cumplen e incluye algunos gags divertidos. Las coreografías son excelentes.
Sammo Hung tiene carisma como actor y sus películas siempre ofrecen peleas de calidad. Para el que esto escribe, es sin duda uno de los grandes dentro del cine de artes marciales.
Y es que yo alucino con estos chinos...

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